Corría el minuto 63’ en la cancha del Santa Laura. Marco Estrada habilita a Emilio Hernández que desde la izquierda sacaba un centro a media altura, para que apareciera Juan Manuel Olivera, que con una palomita y un cabezazo sutil batiría a Cristian Limenza, pondría el 1-0 y desataría un carnaval azul en Independencia.

Pese a restar más de 20 minutos de partido, la celebración fue de aquellas. Claro, tras terminar segundos en la fase regular con 31 puntos, nos enfrentábamos a los punteros y en su casa. Ya había sido complicado pasar a Audax Italiano en cuartos, y dar un vuelta un resultado en la semifinal ante Everton en el Estadio Nacional, pero nada era regalado y nos habíamos ganado la opción de disputar el título del Apertura 2009.

Tras la final de ida, donde el estadio de Ñuñoa fue una caldera, no pudimos quedarnos con el triunfo, y solo conseguimos un 1-1. La final estaba abierta, pero a la vez, cuesta arriba frente a un muy fuerte cuadro hispano que terminó al tope de la tabla con 38 puntos.

Teníamos un muy buen recuerdo fresco, ya que en la fase regular, ya habíamos derrotado a Unión Española por la cuenta mínima, con un centro de Walter Montillo y una palomita del uruguayo. Se repitió la receta, pero, en ese 7 de julio, esa anotación valdría una nueva estrella.

Minuto 63’. Olivera anota y se pone de pie casi sin darse cuenta. Con su celebración típica, con la lengua afuera, corre hacia la esquina donde ya celebraban todos los azules. El “Ardilla” se cuelga de la camiseta del “Palote”, mientras “Choro” Hernández lo abraza y festejan la apertura de la cuenta.

Sí, quedan 22 minutos de infarto. Unión va con todo por el empate, pero se encuentra con una férrea defensa que resistiría los ataques del local. Minuto 90 y un poco más, un tiro libre acerca a los “Rojos” que amenaza nuestro arco, pero el capitán Miguel Pinto se queda con el balón. Sonrisa nerviosa, vista hacia atrás y dedica su atajada a la incondicional hinchada que repletó el reducto de Plaza Chacabuco.

Los minutos parece que no pasan hasta el instante crucial. Pitazo final. Brazos arriba de Sergio Markarian y la fiesta azul se desencadenaría. La estrella 13 ya era un hecho. Atrás quedaban 5 años sin títulos y, sin imaginar lo que vendría, comenzaba una década profundamente azul.