Roberto Reynero fue parte de nuestro Club durante casi diez años, sumando un total de 257 partidos y 13 goles por el “Romántico Viajero”. Su debut se concretó en 1983 y fue con un gol que valió la victoria. Debido a las necesidades del equipo, pasó de puntero a lateral izquierdo y ya en 1989 rechazó una oferta de Cobreloa para quedarse y asumir la capitanía en Segunda. Su promesa fue ascender y lo cumplió. Desde su natal Chillán, el “Príncipe” rememora sus años como futbolista asegurando que “la U me entregó todo y yo entregué todo por la U”.

– Su nombre para muchos hinchas significa pensar en un ídolo del Club. ¿Cómo toma hoy ese reconocimiento?
“Para mí es una honra saber que estoy en la memoria de los hinchas de la U. Muchos no me vieron jugar, pero yo sé que son estudiosos y si ven mis estadísticas ven que participé en los años 80. Si bien no fue de los mejores años de la U por la crisis futbolística y económica, aún así estoy agradecido por la gente que me reconoce mi ímpetu y lealtad con la U. El ser capitán del equipo más grande de Chile queda en la retina de los hinchas”.

– ¿Qué se le viene a la mente con la fecha 21 de agosto de 1983?
“Mi debut, un recuerdo muy lindo. Yo ese día iba con el propósito de estar en la banca contra Antofagasta. Llegando allá se presentó la oportunidad y Ulises Ramos en la charla me puso de titular, yo me quise morir. En ese momento, Manuel Pellegrini se me acercó y me dio la pelota para que yo fuera el primero en salir a la cancha. La verdad es que fue lindo ese día, porque ganamos 1-0 y fue gol mío como a los 13’ del segundo tiempo. Fue maravilloso debutar con un gol y más en la U. Aproveché al máximo la oportunidad”.

– Al año siguiente fue enviado a préstamo a Rangers para sumar más minutos y madurez. ¿Qué tan positiva fue esa temporada en Talca?
“Me fui con muchas ganas de triunfar y volver mejor al año siguiente a la U. Me fue bien e hice 12 goles esa temporada con una gran delantera. Fue un año redondo para mí”.

 – Se inició como puntero izquierdo y terminó como lateral. ¿Cómo fue ese cambio de posición y la adaptación?
“De vuelta del préstamo en el año 85, me encuentro con el obstáculo de que Luis Ibarra ya no me iba a necesitar como puntero, sino como lateral, ya que la otra posición la ocupaba Mariano Puyol. Yo lo tomé de forma distinta, porque jugando en cualquier posición de titular en la U, bienvenido sea. Si bien probó dos o tres laterales, el que más le agradó fui yo. Lo bueno, es que en el año 86’ me nominaron a los Juegos Odesur como lateral. De a poco se abrió el camino y en la U lo di todo”.

– ¿Qué recuerda del momento cuando le ceden la capitanía del equipo?
“Yo dejé de lado una oportunidad de irme a Cobreloa cuando bajó la U, pero dije ‘así como bajé con la U, subiré también con la U’. La verdad, no me equivoqué, porque tuve la capitanía hasta el año 91. A mí me consideró como capitán ‘Lucho’ Ibarra porque me veía futuro y tenía incursión por la Selección. La U me entregó todo y yo entregué todo por la U”.

– ¿Cómo tomó la responsabilidad de comandar al equipo en una difícil temporada y cuando el único objetivo era conseguir rápidamente el ascenso?
“El inicio en Segunda nos costó porque llevamos como cuatro partidos e íbamos últimos. Nos habíamos reforzado bien, estaba Eduardo Fournier, Marco Fajre o Héctor Hoffens, un equipo de primera. Empezamos muy tranquilos y nos aterrizaron los equipos de segunda. Entonces, tuvimos dos o tres reuniones donde conversamos y les dije que con el nombre no bastaba para ganar. Luego de eso empezamos a tirar para arriba, tomamos caldo de cabeza y empezamos a tomar el ritmo de partidos”.

– ¿Qué recuerdos tiene de su desempeño como jugador y cuáles considera que eran sus mejores características?
“Yo tenía una confianza única. Me tenía tanta confianza que siempre salía jugando, incluso cuando estábamos perdiendo. Manuel Pellegrini siempre me decía que jugara y encarara. Así llegaba hasta el área e hice varios goles como lateral. Además, la gente me reconoce esa virtud de ser ‘guapo’ en la cancha, de ser referente dentro y fuera de ella”.

– Fue testigo de la incondicionalidad de los hinchas, quienes no cesaron con su apoyo en los difíciles años 80. ¿Qué opinión tiene de esa incondicionalidad azul?
“La barra de la U es fuera de serie. Me encantaría jugar en esta época por la U, porque la barra no merma y sigue estando en los momentos difíciles. Más que una pasión, son sentimientos. Los momentos difíciles fueron más que nada económico y futbolístico por el descenso, pero de la barra solo puedo hablar muchas virtudes”.

– Si tiene que definirse por un momento inolvidable vistiendo la camiseta de la U, ¿cuál elegiría?
“Los lindos momentos fueron cuando vi que ganamos en Curicó y ascendíamos a Primera División. Y bueno, ante Palestino fue una alegría tremenda poder levantar la copa. No pude participar tanto del festejo, porque estaba tan emocionado que me fui al camarín a meditar y darle las gracias a Dios. A la U la adoro y agradezco este tipo de reconocimiento, más cuando muchos de ustedes no me vieron jugar”.

– ¿Qué importancia tiene el Club en su vida considerando que fueron casi diez años en la U?
Aunque me hubiese gustado haber estado en el 94’, mi salida del equipo significó también un refresco en el camarín. Más allá de eso, la U me dio todo. Me dio educación en los cadetes desde que llegué a los 16 años desde Chillán. Me educaron como persona”.