Gustavo Canales, quien este viernes vivirá su despedida del fútbol, desvía un centro de Edson Puch y corre eufórico hacia la galería sur. Van recién 55 minutos de partido, pero el ambiente entre los hinchas azules ya es de fiesta.

Es cierto, aún quedaban por delante largos 35’, pero el equipo ya había logrado revertir cualquier pronóstico. Porque, en la previa a la revancha, la UC llegaba como amplio favorito tras imponerse 2-0 en la ida.

Pero aquel domingo 12 de junio, histórico a esta altura, fue el propio Canales quien comenzó a cimentar las esperanzas de una hinchada que, pese a la derrota a mitad de semana, había agotado sus localidades.

Porque a los 16’, “El Mágico” transformó en gol el penal cometido contra Eduardo Vargas, aprovechando el ímpetu con el que salió el equipo en los primeros minutos. Sin embargo, a los 23’ Lucas Pratto anotó la igualdad en lo que para muchos era el golpe de gracia. El autogol de Eluchans, dos minutos después, invitaba a no bajar los brazos.

En el complemento, Canales conseguiría los dos goles que necesitaba el equipo para quedarse con el título. A los 51’ y a los 55’, el oriundo de General Roca volvió a vencer a Toseli para sellar el 4-1.

Por eso Canales corría eufórico hacia la galería, porque sabía, al igual que esa gente a la que se dirigía, que esta vez el título no se escaparía de las manos. Poco importó que a los 78’ se fuera expulsado o que Diego Rivarola estrellara un tiro en el palo, porque la tarea ya estaba hecha.

El 4-1, tras la dolorosa caída 2-0 en la ida, fue el premio a un equipo que jamás pensó en bajar los brazos y el nacimiento de un proceso que continuaría con las obtenciones de un tricampeonato y una Copa Sudamericana. De eso ya han pasado siete años, aunque el recuerdo sigue latente.