Sin dudas, el año 2011 quedará marcado como una de las temporadas más exitosas de la historia de nuestro Club, y por lo mismo lo seguimos recordando. Esto porque hoy, 29 de diciembre, pero hace ocho años, y luego de celebrar la obtención del Torneo de Apertura y la Copa Sudamericana, bajábamos nuestra décimo quinta estrella y nos consagrábamos por cuarta vez como bicampeones del fútbol chileno.

En un gran segundo semestre, el equipo de Jorge Sampaoli deslumbró en todos los frentes, y el Torneo de Clausura 2011 no sería le excepción. En un elenco que ya había dejado una gran imagen, se unieron potentes nombres que hicieron de este equipo un hueso duro de roer.

Osvaldo González y Gustavo Lorenzetti destacaban como las principales incorporaciones en ese elenco que quería ir por más logros deportivos y que estaba dispuesto a todo por lograrlo. Y así fue. Tras culminar con la fase regular como líderes invictos, los azules llegaban a los playoffs como el cuadro a vencer.

Tras superar a Unión Española en cuartos de final, nos toparíamos con Universidad Católica en semifinales. En una apretada llave, superamos a los “Cruzados” por 2-1 en San Carlos de Apoquindo. En la vuelta, pese a caer por el mismo marcador, nos volvíamos instalar en la final del certamen nacional. El rival, el poderoso Cobreloa de Nelson Acosta.

En el partido de ida, en un complicado encuentro en el antiguo Estadio Municipal de Calama, igualamos sin goles ante los “Zorros”, lo que dejaba todo abierto para la revancha, con nuestra gente en el Estadio Nacional. Eso sí, fuera de toda costumbre, y debido al nutrido calendario producto de nuestra clasificación a la final de la Copa Sudamericana, la definición  se jugaría el 29 de diciembre, a solo dos días de comenzar el año 2012.

Fue así como llegó el último partido del año, que, afortunadamente para nuestro equipo, se pudo definir tempranamente. Corrían los 24’, cuando Marcelo Díaz juega rápidamente desde el medio con un cambio de frente, encuentra a Charles Aránguiz, quien controla de manera impecable, y sin pensarlo dos veces, envía un centro que encuentra destapado a Gustavo Canales, que solo tiene que empujar el balón para abrir la cuenta en Ñuñoa.

Cuatro minutos más tarde (28’), el “Duende” Lorenzetti recupera el balón. Cede para Eduardo Vargas, que empieza a avanzar desde campo propio. Ya cercano al área, ve a Nicolás Peric adelantado. Con gran definición, levanta la pelota y la manda hasta el fondo de la red del arco sur, dejando sin opciones de reacción al portero visitante. 2-0 en el marcador y la estrella 15 se acercaba cada vez más. Sin embargo, aún quedaba paño por cortar.

A los 32’ Canales abandonaba la cacha por lesión. En su lugar entraría Matías Rodríguez, que a los pocos minutos, dejaría su nombre grabado en esta final. Balón largo por la izquierda. Eugenio Mena lanza un centro a la carrera, y tras un mal despeje loíno, aparecería el, hoy por hoy, defensa más goleador de nuestra historia. Rodríguez amortigua de pecho, y con un tiro rasante vence a Peric. 3-0 y el título ya se teñía completamente de azul.

El segundo tiempo, con varios cambios, no estuvo exento de emociones. No obstante, el marcador no se movería. Pitazo final y nuevamente el carnaval se armaba en Ñuñoa. La estrella número 15 ya era de la U.

Una campaña a todas luces espectacular. En 23 partidos, registramos 15 victorias, 7 empates y tan solo una derrota. 49 goles a favor y solo 17 en contra. Números que terminarían de cerrar un año que será para todos los hinchas del “Romántico Viajero”, simplemente inolvidable.